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ORGASMO ANAL
Por: Horny
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Era lunes, hacía frío y
estaba cansada. Iba hacia mi casa con la única intención de tomar un
baño caliente e irme a la cama pero el destino me tenía dispuesto algo…
un tanto diferente… pero de lo que no me iba a quejar. Llegué a mi casa
y me puse cómoda mientras disponía todo para darme un baño. Me recosté
un momento para llamar a mi novio y darle el besito de las buenas
noches.
Hola, ¿hablo con la
farmacia? – saludé – llamo para solicitar un servicio.
Claro señorita – contestó
él siguiéndome el juego - ¿cuénteme su problema?
Mmmm verá, mis síntomas
son soledad, añoranza y excitación profunda, ¿tiene algo que pueda
mejorarme? ¿una pastillita tal vez? ¿o un besito telefónico?
Me temo que según sus
síntomas el problema es grave, creo que lo que necesita es una inyección
– contestó él riendo.
¿Así de mal estoy señor?,
me preocupa.
Al contrario – dijo él –
lo que está es muy bien y como la cuestión ya es crítica espéreme en una
hora en su casa.
¿Hablas en serio mi amor?
¿Vas a venir? – pregunté emocionada y sin rastro de cansancio.
Si me voy a ir, pero
dentro de ti.
Y colgamos.
Me metí al baño, me enjaboné
deprisa pero con cuidado de quedar bien limpia por todas partes, me puse
una pijamita sexy, aceite corporal en todo el cuerpo, me cepillé el
cabello, preparé la cama y lo esperé ansiosa durante casi media hora.
Cuando llegó me puse aún mas
nerviosa pues me saludó con una mirada muy inquietante. Nos tumbamos en
la cama y hablamos durante varios minutos de lo que habíamos hecho
durante el día. De repente nos quedamos en silencio simplemente
mirándonos. Entonces el comenzó a reírse sin razón aparente.
¿Qué pasó? – pregunté yo -
¿acaso te comiste un payaso?
No – contestó él – más bien
me voy a comer una payasita.
Se abalanzó sobre mí
haciéndome soltar un gritito de asombro y de gusto pues me tumbó
bocabajo abrazándome a la altura de la nuca. Pegó su boca a una de mis
orejas y su paquete quedó acomodado entre mis nalgas comenzando a
moverse sobre ellas simulando el acto sexual.
¿Quieres que te haga un
masaje? – preguntó él
Sin esperar a que yo le
contestara tomó el tarrito de aceite de rosas de mi mesita de noche,
levantó mi pijama hasta casi la nuca, se deshizo de mi tanga rápidamente
y esparció un poco concentrándose en la cintura, nalgas y en el lugar
entre ellas. Me sentí relajada enseguida, al contacto con sus manos no
muy grandes pero si firmes y decididas. Sus dedos, inquietos como
siempre separaron mis nalgas acariciándome allí donde tanto me gusta, de
forma experta, suave y profunda. Yo cerré los ojos, gimiendo de gusto,
evadida y concentrada solo en sus caricias… rayos… cómo me gustaban al
igual que sus manos, todo él… enterito.
Me dejó un momento solo para
incorporarse y desnudarse de la cintura hacia abajo. Lo observé de
reojo, solo para echarle un vistazo a su miembro ya empalmado. Se acercó
de nuevo e impregnó mi culito con una cantidad extra de aceite e hizo lo
mismo con su herramienta. Sospechando lo que pretendía hacer me exalté.
Por favor no – le dije – no
es buen momento, otro día, con mas calma, tal vez el sábado, después de
unas copas…
Haciendo caso omiso a mis
palabras se tumbó por completo sobre mi cuerpo susurrándome que
estuviera tranquila, pero yo temblaba. Anteriormente lo habíamos
intentado por detrás sin éxito, yo estaba muy estrecha y él lo tenía muy
grande como para que yo pensara que era posible disfrutar.
Bajó su mano e introdujo un
dedo en mi ano moviéndolo en círculos… eso si que me encanta… la
sensación de hormigueo y excitación es indescriptible. Otro de sus dedos
comenzó a acariciar mi clítoris. Comencé a relajarme, me sentía en el
cielo. Cuando su glande reemplazó al dedo en mi ano me contraje de nuevo
debido a los nervios, mi cuerpo reaccionó involuntariamente rechazando
el suyo.
No… no… para… por favor… -
le pedía yo.
Relájate preciosa – contestó
él – relájate y disfruta… se que te va a encantar. Te prometo que te lo
haré muy despacio, suavecito… pero rico y paramos cuando tu quieras… yo
me detengo un momento mientras te acostumbras al "miembro intruso" y
luego seguimos, ¿te parece?
Sus palabras me
tranquilizaron bastante y procuré relajarme. Él por su parte se tomaba
su tiempo, no tenía prisa pues el premio lo valía todo, incluso esperar
unos minutos aunque su verga pareciera que no quería esperar ni un
segundo… parecía a punto de estallar de lo tiesa… la piel completamente
templada… provocativa y deliciosa. Todo eso lo alcanzaba a ver mirándolo
por encima de mi hombro, mientras él continuaba su masaje. Sus manos se
deslizaban por mi espalda suavemente y su miembro entre el canal entre
mis nalgas más despacio aún hasta que casi fue algo exasperante…
¿Recuerdas el forward que me
enviaste hace unos días? – preguntó – acerca de cómo preparar un culito…
Sin esperar que le
contestara, dejó un momento lo que estaba haciendo y metió su cara entre
mis nalgas, las separó con las manos y comenzó a lamer… su lengua
caliente abriéndose paso entre mi canalito aterciopelado. La sensación
era deliciosa y él… muy hábil. Cambió la lengua por un dedo y luego otro
más para alistar el terreno.
La agonía era deliciosa, e
involuntaria (o voluntariamente) mi culito comenzó a dilatarse. Sus
manos dejaron mi ano para cruzarse bajo mi cuerpo a la altura del cuello
y los hombros, de modo que quedó completamente acostado encima de mi
cuerpo, su pecho en mi espalda, su verga entre mis nalgas de nuevo y su
boca pegada a mi oreja de modo que podía escuchar su respiración
acelerada, sus suspiros y susurros.
Métemelo ya… - le dije al
borde del delirio – no me tortures más.
Como era de esperarse no se
hizo rogar demasiado y apuntó de nuevo hacia el estrecho canal, ya
mojado, con una mezcla de sudor y de mis propios fluidos vaginales. Lo
apoyó y en un instante que pareció mas largo comenzó a entrar, trozo a
trozo mientras me besaba el cuello. Apenas entró el glande se detuvo y
me besó en los labios en un beso tan apasionado que por poco me los
parte. En ese momento pensé que nunca había deseado a nadie de esa forma
tan animal como a ese hombre en ese instante.
Apenas mi culito se
acostumbró a ese intruso deseado él empujó un poco más, no sin que el
canalito opusiera algo de resistencia. Ambos sudábamos por el esfuerzo
pues no era tarea fácil. Él empujaba despacio pero con firmeza y yo
pegaba mi culito hacia su miembro para cooperar, en un gesto que lo
excitaba muchísimo.
Que verga tan rica – gemía
yo – quiero sentirla toda adentro…
Te la voy a meter todo lo
que pueda mmmm, que delicia…
Logró entrar un poco más de
la mitad. A esas alturas yo jadeaba. Quería gemir, llorar y gritar, pues
nunca había tenido tantas sensaciones encontradas… me gustaba demasiado
pero a la vez dolía… y ese mismo dolor hacía que todo fuera más
excitante…
Que rico mi amor, estoy
gozando… no lo puedo creer… mmmm… así… oh siii, como te mueves de rico,
que verga tan deliciosa… no pares… sigue… más… mmmm…
Él, estaba lejos de querer
parar, se movía en circulitos y un poco hacia fuera y dentro… Su mano se
deslizó por mi vientre y se posó en mi clítoris para estimularme por
partida doble, pero le pedí que no lo hiciera pues había escuchado (por
parte de un amigo muy querido) acerca de las bondades del orgasmo anal…
así que yo quería sentir uno exclusivamente por mi culito.
Llega rico… - me susurró él
– quiero que te mueras de placer.
Inúndame – contesté yo –
quiero que me llenes el culito con tu semen caliente.
Mis palabras lo excitaron
demasiado, al punto que no pudo resistir un segundo más y me hizo caso
al pie de la letra… su verga se hinchó, comenzó a palpitar desde la base
hasta la punta y un par de tibios chorros calentaron mi interior.
Eso me hizo terminar de
enloquecer… sentí venir mi orgasmo, primero como unas palpitaciones
leves y un calor abrasador en la parte baja de mi cuerpo, luego fueron
más intensas, mas profundas como anillos que vibraban por todo mi canal
anal apretando y soltando su verga ya semi flácida…
Después de ese intenso
orgasmo sentí que flotaba, me sentía liviana y exhausta… completamente
cansada como nunca en la vida, tal como si hubiera corrido una maratón.
Él, tumbado sobre mi espalda como si me hubiera perseguido todo el
camino… y de cierto modo había sido así pues estuvo detrás de mi culito
varios meses hasta que por fin se lo había dado.
Sacó su verga despacio y
entonces si me dolió… pero era un dolor soportable, un poco mayor que el
que sentí cuando perdí mi virginidad vaginal, solo que esta vez había
disfrutado mucho más… muchísimo más…
Me giré e incorporé y
mirándolo a los ojos le pregunté ¿cuándo repetimos?
¿No que no te gustaba? –
preguntó él riendo.
Me gustó demasiado,
podría volverme adicta… creo que has creado un monstruo jejeje –
contesté.
Entonces… si no te
molesta… dame unos minutos y te doy la revancha.
Prefiero esta vez por el
otro lado – contesté sonriendo – creo que mi culito necesita más que
unos minutos.
Se quedó conmigo esa noche y
seguimos fornicando como locos hasta que el cansancio nos venció… |